Chejov, Anton. Una visita médica
viernes, 18 de mayo de 2007
Capitalismo
«Sin duda hay un malentendido en todo esto... Mil quinientos o dos mil obreros trabajan sin descanso, en condiciones insalubres, para fabricar un percal de mala calidad, pasan hambre y lo único que pueden hacer es ir de vez en cuando a la taberna para olvidarse de esta pesadilla; trabajan bajo la vigilancia de un centenar de individuos que se pasan la vida poniendo multas, reprendiendo a los otros, cometiendo injusticias; sólo dos o tres personas, los llamados propietarios, se aprovechan de los beneficios, aunque no trabajan en absoluto y desdeñan el percal de mala calidad. Pero, ¿cuáles son los beneficios? ¿Cómo se aprovechan? Liálikova y su hija son desgraciadas, da pena verlas; sólo vive a su gusto Jristina Dmítrievna, una mujer madura, de pocas entendederas y con pince-nez. De donde s deduce que la única razón de que se trabaje en estos cinco bloques y se venda un percal de mala calidad en los mercados orientales es que Jristina Dmítrievna pueda comer esturión y beber madeira».
miércoles, 2 de mayo de 2007
«Hay una historia de Sobibór: catorce reclusos intentaron escapar. En cuestión de horas los habían atrapado y los condujeron a la explanada del campo. Allí, les dijeron: "Dentro de un momento vais a morir. Pero antes, quiero que cada uno de vosotros escoja un compañero de muerte". Ellos contestaron: "¡Nunca!". El comandante replicó con tranquilidad: "Si no lo hacéis vosotros, lo haré yo. La diferencia es que yo escogeré a cincuenta, no a catorce". No tuvo que cumplir su amenaza.
En Shoah, la película de Lanzmann, un superviviente de la fuga de Treblinka, recuerda que cuando se redujo la actividad de las cámaras de gas, les fueron retiradas a los miembros del Sonderkommando sus raciones de comida y, como habían dejado de ser útiles, temieron se aproximara su exterminio. Recobraron la esperanza de sobrevivir cuando nuevas poblaciones de judíos fueron reunidas y cargadas en trenes con destino a Treblinka»
Zygmunt Bauman, Modernidad y holocausto
En Shoah, la película de Lanzmann, un superviviente de la fuga de Treblinka, recuerda que cuando se redujo la actividad de las cámaras de gas, les fueron retiradas a los miembros del Sonderkommando sus raciones de comida y, como habían dejado de ser útiles, temieron se aproximara su exterminio. Recobraron la esperanza de sobrevivir cuando nuevas poblaciones de judíos fueron reunidas y cargadas en trenes con destino a Treblinka»
Zygmunt Bauman, Modernidad y holocausto
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