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lunes, 12 de marzo de 2012
Activismo y Ficción
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martes, 31 de mayo de 2011
ESPAÑISTAN IS DIFERENT...
El hecho es que aún hoy, la mayoría de la ciudadanía piensa que la crisis afectó a España porque Zapatero no supo gestionar o tener mano dura o no se qué. Y no digo que piensen que la crisis se haya alargado más o golpeara con mayor crudeza, sino que hay muchos, muchísimos, que aún llegan a creer que la crisis la creo Zapatero. Sera el cáncer del bipartidismo... Os dejo con una animación buenísima que retrata de una manera muy sencilla el "spanish way of life", a cargo de Aleix Saló.
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sábado, 19 de marzo de 2011
Examen psicotécnico para un puesto de trabajo
(Pequeño despacho. Mesa larga. A un lado dos señores serios y encorbatados: los entrevistadores. Al otro lado, yo, con la típica cara de Leonard Cohen).
ENTREVISTADORES: ¿Qué cosas le gustan, Juan Manuel?
YO: Eh…, pues, vamos a ver:
me gusta la barba de tres semanas, las ojeras, la carraspera de las resacas, el brillo de los ojos de Charles Manson. Me gusta mi abrigo largo a eso de las ocho de la noche en invierno (es importante que sea invierno) y beberme unas copas con alguien que no conozca, y emborracharme con él (o ella) un poco, hablando de política o de poesía u otras chorradas.
Ah, también me gustan, para que lo sepan, los carritos de helado, los caballitos de feria cuando no se mueven, y mear hacia la izquierda. Sobre todo mear hacia la izquierda. Es de lo más divertido.
Creo que eso es todo.
ENTREVISTADORES: Ejem. Esto…muy bien. Ya le llamaremos…
Juan Manuel Uría
lunes, 17 de enero de 2011
LA SILENCIOSA VIDA DE AUSTIN P. SHELBY
Austin P. Shelby nació en Santa Mónica (California) en 1902 y murió en la misma Santa Mónica en 1989. Austin fue, ante todo, un buen hombre, que como dato biográfico no es baladí, por lo inusual; pero no es por esto por lo que se le recuerda sino por algo mucho más excepcional: en toda su vida sólo dijo tres frases. La primera cuando ya tenía 10 años. En la escuela, recreo, después de que el típico matón de frente huidiza y maxilar hipertrofiado -¡puto mudo de mierda!- le tirara al suelo de un empujón. Austin, levantándose lentamente del suelo, se sacude los pantalones, y tras lanzar al matón una mirada de advertencia cargada de peligro, le dice, con voz segura, profunda y clara: como me vuelvas a tocar, te mato. Nadie le volvió a molestar. Desempeñó trabajos de lo más variopinto: pintor de brocha gorda, actor de cine mudo (donde, dicho sea de paso, iba cosechando notables éxitos hasta la llegada del cine sonoro, que le obligó a dejarlo), funcionario de correos y, por último, farero. Se casó con una chica discreta, protestante y sorda. El prescriptivo sí quiero fue su segunda frase. Tuvo tres hijos parlanchines y bien educados: Ángela, Michael y Austin Jr. En abril de 1989 cayó gravemente enfermo. Estando en su lecho de muerte, rodeado de sus familiares y amigos, estos ven que Austin hace un gesto con la mano pidiendo que se acerquen a la cabecera de la cama. Así lo hacen, solícitos, solemnemente tristes, y (todo hay que decirlo) expectantes porque piensan que va a hablar. Y lo hace, efectivamente, y lo que dice, sólo un instante antes de morir, es lo que será su tercera y última frase: ¿por qué siempre tenéis que hacer tanto ruido, joder?
Juan Manuel Uría
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