- Usted, señor director, vive atrincherado aquí dentro, nunca se deja ver, nadie sabe a las órdenes de quien trabaja ; de hecho, no se obedece, sino que cada cual va estupidizándose al ritmo de sus endebles hábitos, que es lo que se pretende. ¡Qué trampa para gente joven proclive a la comodidad y la indolencia! Nada se exige aquí de toda esa energía que, potencialmente, anima el espíritu juvenil ; nada se pide de aquello que podría distinguir a un verdadero ser humano. Ni el valor ni la inteligencia, ni la lealtad ni la diligencia, ni el placer de crear ni el deseo de esforzarse pueden aquí ayudarlo a uno a abrirse paso en la vida ; es más : está prohibido demostrar energía y vitalismo. ¡Cómo no iba a estarlo con este sistema de trabajo lento, perezoso, árido y miserable! Adiós, caballero, me voy a hacer algún trabajo sano, aunque sea remover tierra con una pala o cargar sobre mis hombros sacos de carbón. Me gusta cualquier tipo de trabajo, excepto aquellos cuya práctica no ponga en juego todas las energías disponibles.