Mostrando entradas con la etiqueta narrativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta narrativa. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de marzo de 2012

QUIJOTES

Hay una fuerza oculta que te empuja a querer evitarlo. Te arrastra, más que empujar. Y te lleva de la mano, como si caminaras por un parque descuidado donde habitan todas las causas del mal. Hay una fuerza misteriosa que te arrastra. Su potencia -inusitada- también te destroza. Resistís. Se trata de un partido de ida y vuelta con alargue y definición por penales. Caballo de lata y armadura de letras, lanza palo arriba que clavarías con ganas en el corazón de la injusticia. Porque sólo la injusticia -la sensación de saber su existencia, por más remota que ésta sea- es el eslabón que separa a los hombres voluntariosos de los otros, de los que miran temerosos y sarcásticos por el agujero hueco del pretexto. Miran: ven penas ven hambre ven desolación: se inventan excusas y se desentienden: en el fondo de sus bolsillos está la semilla de su propia destrucción. Resistís. Compañeros tuyos erraron sus penales y es dificil consolarlos. Todavía hay tiempo de revertir la cosa. Esa fuerza te hace justo: el rival sólo tiene dinero: vos, vos tenés todo lo que hace falta. Caballo de lata y galope audaz. Sólo la voluntad ganará la batalla -perdida por afano- de los treinta mil años. Por ella y por su lanza gloriosa, por el rinconcito aquel de la selva boliviana, quedaron mal parados los brujos ciegos que apenas si espían por el agujerito mentiroso de la culpa.

Marcelo Luján, de "Arder en el invierno"

sábado, 12 de noviembre de 2011

EL MAL DE BARTLEBY


Al regresar a casa, he encontrado en un periódico unas sorprendentes declaraciones de Bernardo Atxaga, donde el escritor vasco dice que está sin ganas de escribir: "Despúes de veinticinco años de carretera, como dicen los cantantes, las ganas de escribir son cada vez más difíciles de encontrar".
Atxaga, pues, tiene los primeros síntomas del mal de Bartleby. "Hace poco -comenta-, un amigo me decía que hoy en día para ser escritor hace falta más fuerza física que imaginación". Son, a su modo de ver, demasiadas entrevistas, conferencias y presentaciones ante la prensa. Se plantea hasta qué punto tiene que estar el escritor en la sociedad y en los medios de comunicación. "Antes -dice- era inocuo, pero ahora es fundamental. Percibo una atmósfera de cambio en el ambiente. Veo que desaparece un tipo de autores, como Leopoldo María Panero, que antes se podían situar en una especie de Salón de los Independientes. Ha cambiado, también, la forma de dar publicidad a la literatura. Y la de los premios literarios, que son una burla y un engaño."
A la vista de todo eso, Atxaga se plantea escribir un libro más y retirarse. Un final que al escritor no le parece nada dramático. "No tiene por qué ser triste, es sólo una reacción ante el cambio". Y acaba diciendo que volverá a llamarse Joseba Irazu, que era su nombre cuando decidió darse a conocer con el pseudónimo de Bernardo Atxaga.
Me ha encantado el gesto rebelde que contiene su anuncio de retirada. He recordado a Albert Camus: "¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no".

Enrique Vila-Matas, de "Bartleby y compañía"

sábado, 5 de noviembre de 2011

EL DON DE VORACE


Dejo al primer poeta de la Naturaleza sobre el Dual. Jazmín, la guitarra loca, me late venenosamente en el cuerpo, su piel cenagosa y la boca oscura como un pozo de sangre. Mi cabeza apoyada en el blanco y negro de Hendrix, el tronco enredado y los coritos pies en el techo. Pessoa me lo había separado todo, piedras y plantas en su lugar, yo aquí. La aguja de diamante en la corteza negra de Coltrane, sulfúrico a todo volumen. El disco salta en una nota increíblemente grave, Coltrane rayado como un preso, el saxo con voz de ofidio herido y mis sienes estrechándose. Mi cuerpo entra en Jazmín, mi carne rota hincada a la madera. El póster de Jimi jadea en mi nuca, ah, su aliento de perro y ángel. No puedo respirar, me arde la cerviz y cada fibra del alma metálica de Jazmín en los trastes. ¡Horrible disnea!... ¿Pero las guitarras respiran? No, no me hacen falta los pulmones, ni corazón ni mente. Distinguidme ahora que exploto. Astillas de música en la pared.

Félix Francisco Casanova, de "El don de Vorace".

miércoles, 2 de noviembre de 2011

EL DETECTIVE DE SONIDOS

Mariluz me estaba esperando en mi cuarto; mis compañeros de piso la habían dejado entrar. Nada más verla le dije:

- Creo que no podría soportar la intrusión colosal, el allanamiento que supone el lenguaje.

Y ella se río un poco y yo también, y luego nos quedamos mirándonos, sin decir nada, sólo mirándonos a los ojos. No sé cuánto tiempo. Hasta que dijo:

-No puedo más de sueño, ¿nos metemos en la cama?
-Sí

La abracé y me dormí pensando que a lo mejor un día, a su debido tiempo, nosotros sentíamos también esa felicidad de estar juntos, a pesar de todo; algún día, esa felicidad de quererse, a pesar de los destrozos de ahora mismo.

Luisa Etxenike, de "El detective de sonidos" (Libros de Pizarra)

lunes, 8 de agosto de 2011

POESÍA

Breavman había envidiado siempre a los antiguos artistas que tenían grandes ideas y bien acogidas que servir. Entonces ya se podían izar los estandartes dorados y estatuir la gloria. La muerte de un dios en escarlata y hojas resplandecientes es muy diferente al colapso mortal de un borracho en un café azul, diga lo que quiera la literatura underground.

Nunca se definió a sí mismo como poeta ni calificó su obra de poesía. El hecho de que las líneas no lleguen hasta el extremo de la página no es ninguna garantía. La poesía no es una ocupación, es un veredicto. Odiaba las discusiones sobre técnicas de versificación. Un poema es algo sucio, maldito, ardiente, que tiene que agarrarse primero con las manos desnudas. En un tiempo el fuego cantaba a la Luz, la suciedad a la Humildad, la sangre al Sacrificio. Ahora los poetas son tragadores profesionales de fuego que se alquilan en cualquier carnaval. El fuego se agota fácilmente y no distingue a nadie en particular.

Leonard Cohen, de "El juego favorito"

domingo, 24 de abril de 2011

LA PROCESIÓN DE GENARÍN, SANTO DE POETAS Y DE PUTAS

loading

“Poco antes de las doce de la mañana de Viernes Santo, y en la carretera de los Cubos de esta capital, junto al cubo tercero de la muralla y yendo desde Puerta Castillo para San Lorenzo, inmediato a la calle que baja de Santa Marina, ocurrió una desgracia que impresionó profundamente a las personas que acudieron al lugar del suceso, tan próximo al sitio en que era la hora de la mayor concurrencia por la procesión que se celebraba.

Según las referencias obtenidas en el lugar del suceso, momentos después de ocurrir éste, circulaba por la carretera un camión de la limpieza pública guiado por el chofer José María Saenz, de diecinueve años, llevando en el vehículo a dos empleados en el servicio, y debido a la velocidad que llevaba no pudo hacerse funcionar debidamente los frenos al encontrarse en la carretera y en la mano del vehículo a un hombre.

La muerte debió sobrevenir casi instantáneamente debido a la presión sufrida contra la muralla, lo que le produciría, en opinión del forense, la fractura de la base y bóveda del cráneo”

Con esta detallada reseña necrológica, publicada en su última página junto a sendos anuncios del Gran Hotel Oliden y de los riquísimos cafés La Marte, despedía el Diario de León un 30 de marzo de 1929 –Sábado Santo por más señas- a quien durante tantos años fuera su más insigne pregonero por las calles y rincones de la vieja ciudad leonesa. Había muerto GENARÍN, el pellejero amante del orujo y cliente sempiterno de tabernas y prostíbulos, conocido y querido de todos y cada uno de los veinticincomil pobladores de aquel León humilde de finales de los años veinte.

Pero a pesar de todo, a pesar del luto con que tiñó las calles la noticia de la muerte de Genaro, ésta no hubiera pasado de ser una más de las muchas que cada día ocupan las páginas de sucesos de los periódicos de no haber mediado un azar milagroso que salvó su recuerdo de la costra de olvido y desconsuelo con que el tiempo habría de enterrarle para siempre. Y este azar milagroso, sin precedente alguno ni tan siquiera analogía en los anales del santoral cristiano, fue a venir de la mano de un grupo de bohemios leoneses, mitad búhos, mitad poetas, que, a contrapelo de leyes y costumbres, todas las noches de Jueves Santo, cuando el reloj de la Plaza Mayor desgranaba las doce campanadas que preceden al reino de las brujas y los muertos, recorrían en cortejo las calles de la ciudad desgranando sus versos alcohólicos a la luz de un candil o de una farola. (…).

La vida y enseñanzas de Genarín y, sobre todo, sus milagros iban a ser pilares suficientes para levantar el edificio de su religión. Una religión que, al paso del tiempo, ha ido poco a poco engrandeciendo su figura hasta acabar convirtiéndose en el santo preferido de poetas y de putas, en patrón de los enfermos de riñón y en advocación suprema –junto a San Froilán- de la ciudad de León. Una ciudad que, a cambio, acude cada noche de Jueves Santo, en recogida procesión de orujo y poesía, hasta el cubo tercero de una vieja carretera para rendir homenaje a aquel humilde pellejero amante de todos los vicios que allí mismo murió atropellado por el primer camión de limpieza que compró el ayuntamiento.

Aquí, Genarín, terminó
tus puteríos y enredos,
y tu perdón da a los malos
y tu premio a los buenos.
Cúranos nuestras goteras
que nos duelen en el cuerpo,
a los mozos por la grifa,
a los ancianos por viejos.
Danos la paz que tú tienes
y que de ti merecemos.
Y, siguiendo con tus costumbres,
que nunca fueron un lujo,
bebamos en tu memoria
una copina de orujo.

Julio Llamazares, de "El entierro de Genarín. Evangelio apócrifo del último heterodoxo español"

sábado, 2 de abril de 2011

LA DIFICULTAD

loading

LA DIFICULTAD ES COMENZAR. Para el imbécil eso no es una dificultad, porque no conoce ninguna. Hace niños o hace libros, hace un niño, un libro... niños y libros sin interrupción. Le resulta totalmente indiferente, al fin y al cabo no piensa. El imbécil no conoce la dificultad, se levanta, se lava, sale a la calle, lo atropellan, se convierte en puré, le da lo mismo.

Thomas Bernhard.


viernes, 11 de marzo de 2011

LA CORCHEA EXHAUSTA


Contexto: aula. Acción: profesor dando clase. Abran el libro -dice el profesor- por la página 369: Antonio Machado. Morales, lea. (Morales lee): Una tar…de parda y frí…a/ de invier…vier…no. Las…los colegiales/ estu…tu…dian. Motononía (le corrige el profesor), ah...,perdón…Monotonía/ de llu…via tras los cris…tales./ Es la clase. En el…el…el cartel/ se represen…tan a Cain (le corrige otra vez: Caín tiene tilde en la i, Morales), ah…vale…Caín…ííííín… fugitivo y muer…muerto Abel,/ junto…junto a una mancha de car…car…car…mín. Basta Morales, hasta ahí. (Dirigiéndose a toda la clase). ¿Y bien? ¿Qué quiso decirnos Machado con estos versos? ¿Alguien sabe explicar la analogía que emplea? ¿Su particular uso de la metáfora? (Silencio largo). ¿Sr. Revuelta, puede decirnos qué significa la mancha de carmín del último verso? (Revuelta se remueve en el asiento, tose, pasa nerviosamente las páginas de su libro. Habla): esto…eh… (se oyen risas sordas entre sus compañeros)… ¿me podría repetir la pregunta? (Estalla la gran carcajada entre sus compañeros). ¡Silencio! -grita el profesor-. (Silencio). ¿Nadie puede decirme nada de este poema? ¿Algo sobre la poesía de Machado en general? (Silencio). ¿Algo acerca de Antonio Machado? (Silencio tenso). ¿Ni siquiera algo sobre la poesía como género literario? (Silencio encogido). (Yañiz levanta la mano). ¿Sí, Sr. Yañiz? Eh…-titubea Yañiz-, si puedo ir al baño, profe. (Risas en allegretto). Profesor: ¡váyase al baño y a la mierda si quiere, Yañiz! ¡Y usted, Triñanes, tire ese chicle a la basura ahora mismo! (Silencio largo de circunstancias). El profesor echa una mirada panorámica a la clase, cierra el libro, se levanta y sale. Se dirige al despacho del jefe del departamento. Entra. ¿Sí, Sr. Torrado? ¿Qué desea? –pregunta el jefe del departamento-.

TORRADO: Dimito.

JEFE DE DEPARTAMENTO: ¿Y eso? ¿Cómo que dimite? Explíquese.

TORRADO: Es insoportable e intolerable. Son todos unos cafres sin remedio. Si no lo dejo ahora me volveré loco de remate.

JEFE DE DEPARTAMENTO: Paciencia Torrado, paciencia. La clave de una sana pedagogía está en la paciencia. ¿No ve que esos chicos están todavía formándose? Tenemos que ayudar a que maduren y hacer que anclen en sus inocentes cabecitas los conceptos básicos que les permitan ser hombres y mujeres de provecho.

TORRADO: No, ya lo he decidido. Hoy mismo lo dejo. Recojo mis cosas y me voy.

JEFE DE DEPARTAMENTO: (Mueve unos papeles que tiene encima de su mesa): Perdóneme pero ahora mismo no recuerdo en qué curso da clase.

TORRADO: En cuarto curso, señor. En cuarto.

JEFE DE DEPARTAMENTO: ¿Y de qué especialidad, exactamente?

TORRADO: Hispánica, señor, cuarto curso de Filología Hispánica.



Alberto Muñoz Pin. De su libro “La corchea exhausta” (Contracorriente, 2011).

jueves, 10 de marzo de 2011

FERDYDURKE





El alba pálida entraba por la ventana, y a mí, mientras hacía así el balance de mi vida, me sacudía entre sábanas una risita indecente, roja de vergüenza, y estallaba yo en una impotente, bestial carcajada mecánica y piernal, como si alguien me hiciese cosquillas en el talón, ¡como si no fuese mi rostro, sino mi pierna, la que carcajeaba! ¡Había que acabar con eso de una vez por todas, romper con la infancia, tomar la decisión y empezar de nuevo, había que hacer algo! Y entonces me iluminó de repente este pensamiento sencillo y santo: que yo no tenía que ser ni maduro ni inmaduro, sino así como soy..., que debía manifestarme y expresarme en mi forma propia y soberbiamente soberana, sin tener en cuenta nada que no fuera mi propia realidad interna. ¡Ah, crear la forma propia! ¡Expresarse! ¡Expresar tanto lo que ya está en mí claro y maduro, como lo que todavía está turbio, fermentado! ¡Que mi forma nazca de mí, que no me sea hecha por nadie! ¡La excitación me empuja hacia el papel! Saco el papel del cajón y he ahí que empieza la mañana, el sol inunda el cuarto, la sirvienta trae café con leche, croissants, y yo, entre las formas relucientes y cinceladas, empiezo a escribir las primeras páginas de una obra, de mi propia obra, de una obra como yo, idéntica a mí, provemiente de mí; de una obra que me afirma soberanamente contra todo y contra todos.

Witold Gombrowicz. Ferdydurke